Julio 2013

PARA REFLEXIONAR...

LAS RANAS

 

            Cuatro ranas se encontraban sentadas sobre un tronco que flotaba en la orilla de un río. De pronto el tronco fue llevado por la corriente que lentamente lo empezó a arrastrar. Las ranas, sorprendidas por lo que estaba sucediendo. Observaban interesadas el movimiento del tronco.

            Al cabo de un rato, la primera, tomando la palabra dijo: “Este tronco se mueve como si estuviese vivo, como si tuviese algo dentro que lo empujara a moverse”.

            La segunda, mirando con contrariedad a la primera y dirigiéndose a las otras, dijo: “No, queridas amigas y compañeras de viaje, este tronco no se mueve, es el río que lo transporta y que lo hace mover”.

            La tercera rana añadió: “No se mueven ni el tronco ni el río, queridas, son nuestras mentes las que se mueven y nos hacen ver el movimiento”.

            Las tres ranas en este punto comenzaron a discutir sobre qué era lo que realmente se estaba moviendo, sin embargo, no lograban ponerse de acuerdo. Se dirigieron por ello a la cuarta rana, que hasta aquel momento había escuchado en silencio y le pidieron su opinión.

            La cuarta rana dijo: “Se mueven el tronco, el río y vuestro pensamiento. Ninguna se ha equivocado, todas tenéis razón”. Entonces las tres ranas se encolerizaron, porque ninguna quería admitir que la suya o fuera la verdad completa y que las otras no se hubieran equivocado. Sucedió que las tres ranas, todas a la vez, tiraron al agua a la cuarta.                                                                                

                                                                                                        (Fiorenza, A. 2003:19)

 

 

PARA REFLEXIONAR Y APRENDER....

Quiero compatir unos fragmentos que me gustan del libro "Las Tres Preguntas" de Jorge Bucay:

DEJAR ATRÁS

 

Me guste o no voy a ser abandonado por cada persona, por cada cosa, por cada situación, por cada etapa, por cada idea, tarde o temprano e inevitablemente.

¿Cuánto puedo disfrutar de algo si estoy pendiente o cuidando de que nada ni nadie me lo arrebate?

- Coge un objeto que aprecies mucho firmemente entre tus manos pensando que alguien te lo quiere quitar. Lo aprietas muy fuertemente para evitar que te lo quiten. ¿Qué pasará si el peligro permanece (aunque sea imaginario) y tú sigues reteniendo el objeto? Dos cosas:

        La primera es que te darás cuenta de que se acabó el placer; ya no tienes ninguna posibilidad de disfrutar táctilmente de lo que aprietas. No puedes percibir cómo es al tacto. Lo único que puedes percibir es que estás agarrándolo, que estás tratando de evitar que esto se pierda.

        La segunda cosa que sucede al retenerlo tenazmente es que aparecerá el dolor. Sigue aferrando el objeto con fuerza para que nadie pueda quitártelo y observa lo que sigue. Lo que sigue al aferrarse es el dolor. El dolor de la mano cerrada, el dolor de una mano que, apretada, obtiene un único placer posible, el de no haber perdido; el único goce que tiene la vanidad, el de haber vencido a quien me lo quería quitar, el placer de “ganar”

        Has conseguido retener lo que querías pero en el camino has renunciado a todo el placer que viene de la relación con el objeto en sí mismo.

        Esto sucede con la necesidad de poseer o mantener algunos bienes materiales. Esto pasa con cualquier idea retenida. Y esto sucede con la posesividad en cualquier relación, incluso en los vínculos más amorosos, aún con los padres, aún con los hijos, aún con las parejas. De hecho, lo que hace que los vínculos transiten en espacios disfrutables es, siguiendo la metáfora, poder abrir la mano. Aprender a no vincularse desde el lugar odioso de atrapar, controlar o retener, sino de la situación del verdadero encuentro con el otro, que sólo puede disfrutarse en libertad. Lo cual no va reñido con comprometerse.

        Otra idea errónea es pensar que como soy feliz en este momento en que estamos juntos, nunca más seré feliz si te vas de mi lado…..

        Incluso las pequeñas pérdidas suponen dolor y trabajo. Un dolor que duele y un trabajo que hay que hacer, que no sucede solo. Una tarea que casi nunca transcurre espontáneamente, con uno mismo como espectador requiere una participación activa en el proceso.

        Es obvio que de nada sirve tratar de evitar el sufrimiento del duelo no comprometiéndose afectivamente con nada ni con nadie; y sin embargo este pensamiento se ha ido volviendo una manera de vivir en este mundo; una pauta cultural enseñada, aprendida y muchas veces ensayada. Y aunque fuera cierto que este atajo garantiza un menor sufrimiento, ¿tendrá sentido comprar una póliza de seguro contra el dolor de una futura pérdida pagando como prima no entregar el corazón a nada ni a nadie?

        En la letra pequeña de este macabro contrato dice con claridad que, si bien no se garantiza la ausencia de dolor, se predice la desaparición definitiva de toda posibilidad de disfrutar de un genuino encuentro con los demás.

        No es que no sea posible disfrutar sin necesidad de sufrir por ello, pero el goce es imposible mientras se está escapando obsesivamente del dolor.

                                                                                                                                                        J. B.            

                                   

DEJAR ATRÁS LO QUE NO ESTÁ Y DISFRUTAR DE LO QUE ESTÁ
MIENTRAS DURE

 

 

PARA APRENDER...

LA UTILIDAD DEL ENFADO

 

Seguro que alguna vez ha oído el dicho “el que se enfada dos males tiene: seguir enfadado y desenfadarse”, y es cierto. Pero a parte de estos dos males, dentro del enfado hay algo útil. Si la persona enfadada se detiene y escucha sus emociones, dentro del desorden podrá descifrar mensajes importantes sobre sí mismo. Aprenderá a saber dónde están sus límites, qué le gusta y qué le disgusta tanto de la persona con la que ha discutido como de sí mismo. Primero suele aparecer lo que no nos gusta del otro, muchas personas se quedan ahí y la intensidad del enfado se mantiene por más tiempo. Si surge el siguiente paso de poner la mirada en las intenciones positivas que tiene la otra persona, la intensidad empieza a descender. ¿Qué cosa buena está buscando o tratando de conseguir está persona? Lo más corriente es que busque cubrir sus necesidades básicas: reconocimiento, atención, que la quieran, protección, tranquilidad.  Si seguimos sacando la utilidad al enfado podemos plantearnos cómo nos gustaría reaccionar la próxima vez ante una situación similar. También podemos preguntarnos si hay algo en nuestras manos qué podemos hacer para que esa situación no tenga por qué volver a suceder.

Cuando la persona descubre la utilidad del enfado se van desenmascarando ciertos malos hábitos que lo alimentan y la persona empieza a emplear otros más saludables para mantenerlo a dieta.  Por ejemplo, un mal hábito es esperar que nos lean el pensamiento y que adivinen lo que necesitamos, el cual se contrarresta con pedir, decir lo que nos gustaría o hablar de nuestras expectativas para con el otro. Otro mal hábito es querer tener toda la razón, eso nos aleja de encontrar una solución y posiciona a la otra persona como la culpable de todo. Esta persona se siente atacada y lo más probable es que responda con un nuevo ataque, sumando y no restando el enfado. Algo que puede ayudar a manejar este mal hábito es empezar buscando el 1% de razón que tiene la otra persona, en qué estás de acuerdo con  ella y proseguir con tu opinión enfocada a la solución en el presente, pues el pasado no se puede cambiar.

Una señal para saber que estás gestionando bien los enfados o las discusiones es que las relaciones terminan fortaleciéndose. Sin embargo, me viene otro dicho a la cabeza “dos no discuten si uno no quiere” y con la misma podemos decir que “dos no hacen las paces si uno no quiere”, por eso hay relaciones que terminan. El enfado también nos ayuda a saber dónde están nuestros límites y saber cuándo una relación que nos hace daño es mejor que se debilite y acabe terminando.

                                                                                                                                                                 Lucía Jiménez Angós

 

PARA REFLEXIONAR....

LA FABRICA DE LAS PREOCUPACIONES

 

La fábrica de las preocupaciones es incansable. Siempre está en funcionamiento entre semana, los fines de semana, vacaciones y festivos. Además se las arregla para estar presente en todos los establecimientos, colocando un stand que llame la atención “Y si me equivoco…”, “Y si pierdo el trabajo…”, “Y si se enfada conmigo…”, “Y si me vuelven a engañar…”. Por supuesto que es difícil no sucumbir a sus artimañas. Sin embargo, una vez que experimentas las ventajas de pasar de largo y te centras en tu presente, ya sus encantos y su publicidad perderán valor. Y habrás pasado de comprar preocupaciones a ocuparte de lo que realmente ocurra.

                                                 Lucía Jiménez Angós

 

PARA REFLEXIONAR....

EL RIESGO

Arriesgarse es atreverse a elegir posibilidades; si tu vida va a cambiar hacia mejor, tendrás que correr algunos riesgos: salir de tu rutina, encontrar personas nuevas, explorar nuevas ideas y recorrer caminos desconocidos hasta el presente. El riesgo del crecimiento personal implica caminar por territorio desconocido, donde el lenguaje y las costumbres son diferentes y donde necesitarás aprender a desenvolverte.

La seguridad total es una superstición; no existe en la naturaleza y los seres humanos tampoco la han experimentado nunca. Evitar el peligro, a la larga, no es más seguro que desenmascararse totalmente. La vida no tiene sentido si no se afronta con atrevimiento, como si se tratase de una aventura.
 

                                               Hellen Keller

 

MI CUENTO DEL DÍA

EL VALOR DE HACER LAS COSAS MAL

 

María había aprendido tanto en su familia como en el colegio el valor de hacer las cosas bien. Había aprendido que si hacía las cosas bien le premiaban. Sin embargo, cuando algo lo hacía mal, las cosas eran diferentes: habían reproches como el “ya te lo dije.”, “tendrías que haberlo hecho así” y “tienes que pensar las cosas”.

María fue a la universidad, donde su aprendizaje sobre lo importante de  hacer las cosas bien estaba presente con sus profesores y sus compañeros. Al acabar la universidad, empezó a buscar trabajo, pero antes quería hacer un “buen” currículum y aprender cómo hacer una “buena” entrevista de trabajo. Las cosas no fueron como ella esperaba. Mientras María trataba de hacer las cosas bien esperando el momento idóneo, varios compañeros “haciendo las cosas mal” lograban el trabajo que querían.

Por primera vez María se paró a pensar qué estaba pasando y se preguntó: “¿por qué mi creencia de hacer las cosas bien ya no funciona como antes?”. María decidió dedicar una semana a observar si su creencia sobre el valor de hacer las cosas perfectas seguía siendo para ella válida. Se dio cuenta que realmente había decido creer en esa idea, sin ponerla en tela de juicio, pues venía de su familia y hasta ahora le había sido útil. María durante esa semana fue más consciente de las conversaciones y de las acciones de sus compañeros y de sus familiares. También echó la vista atrás sobre sí misma, y comprobó que al tratar de hacer las cosas bien había logrado de por sí cosas. Sin embargo fue la primera vez que abrió los ojos y vio que se había perdido muchas oportunidades. Fue ahí donde María aprendió el “valor de hacer las cosas mal”. Se dio cuenta de lo importante que es simplemente hacer, y de no pensar tanto para que las cosas puedan salir perfectas, lo cual la llevaba a buscar las circunstancias ideales, las que muy rara vez se producen.

Así fue como María descubrió que simplemente “hacer en ese momento” es lo mejor que puedes hacer. María aprendió a ver en cada acción un éxito con independencia del resultado. 

Lucía Jiménez Angós

 

Frase del día

Hoy he decidido anotar una frase que me ha gustado mucho, y que también he publicado en mi facebook para los que me estén siguendo desde ahí.

 

Solo cambiando nuestras CREENCIAS,

cambiaremos nuestra vida.

Sólo cambiando nuestra creencias

cambiaremos de ACCIONES y sólo

cambiando nuestras acciones

cambiaremos nuestros resultados.