PARA APRENDER...

LA UTILIDAD DEL ENFADO

 

Seguro que alguna vez ha oído el dicho “el que se enfada dos males tiene: seguir enfadado y desenfadarse”, y es cierto. Pero a parte de estos dos males, dentro del enfado hay algo útil. Si la persona enfadada se detiene y escucha sus emociones, dentro del desorden podrá descifrar mensajes importantes sobre sí mismo. Aprenderá a saber dónde están sus límites, qué le gusta y qué le disgusta tanto de la persona con la que ha discutido como de sí mismo. Primero suele aparecer lo que no nos gusta del otro, muchas personas se quedan ahí y la intensidad del enfado se mantiene por más tiempo. Si surge el siguiente paso de poner la mirada en las intenciones positivas que tiene la otra persona, la intensidad empieza a descender. ¿Qué cosa buena está buscando o tratando de conseguir está persona? Lo más corriente es que busque cubrir sus necesidades básicas: reconocimiento, atención, que la quieran, protección, tranquilidad.  Si seguimos sacando la utilidad al enfado podemos plantearnos cómo nos gustaría reaccionar la próxima vez ante una situación similar. También podemos preguntarnos si hay algo en nuestras manos qué podemos hacer para que esa situación no tenga por qué volver a suceder.

Cuando la persona descubre la utilidad del enfado se van desenmascarando ciertos malos hábitos que lo alimentan y la persona empieza a emplear otros más saludables para mantenerlo a dieta.  Por ejemplo, un mal hábito es esperar que nos lean el pensamiento y que adivinen lo que necesitamos, el cual se contrarresta con pedir, decir lo que nos gustaría o hablar de nuestras expectativas para con el otro. Otro mal hábito es querer tener toda la razón, eso nos aleja de encontrar una solución y posiciona a la otra persona como la culpable de todo. Esta persona se siente atacada y lo más probable es que responda con un nuevo ataque, sumando y no restando el enfado. Algo que puede ayudar a manejar este mal hábito es empezar buscando el 1% de razón que tiene la otra persona, en qué estás de acuerdo con  ella y proseguir con tu opinión enfocada a la solución en el presente, pues el pasado no se puede cambiar.

Una señal para saber que estás gestionando bien los enfados o las discusiones es que las relaciones terminan fortaleciéndose. Sin embargo, me viene otro dicho a la cabeza “dos no discuten si uno no quiere” y con la misma podemos decir que “dos no hacen las paces si uno no quiere”, por eso hay relaciones que terminan. El enfado también nos ayuda a saber dónde están nuestros límites y saber cuándo una relación que nos hace daño es mejor que se debilite y acabe terminando.

                                                                                                                                                                 Lucía Jiménez Angós

 

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