PARA REFLEXIONAR Y APRENDER....

Quiero compatir unos fragmentos que me gustan del libro "Las Tres Preguntas" de Jorge Bucay:

DEJAR ATRÁS

 

Me guste o no voy a ser abandonado por cada persona, por cada cosa, por cada situación, por cada etapa, por cada idea, tarde o temprano e inevitablemente.

¿Cuánto puedo disfrutar de algo si estoy pendiente o cuidando de que nada ni nadie me lo arrebate?

- Coge un objeto que aprecies mucho firmemente entre tus manos pensando que alguien te lo quiere quitar. Lo aprietas muy fuertemente para evitar que te lo quiten. ¿Qué pasará si el peligro permanece (aunque sea imaginario) y tú sigues reteniendo el objeto? Dos cosas:

        La primera es que te darás cuenta de que se acabó el placer; ya no tienes ninguna posibilidad de disfrutar táctilmente de lo que aprietas. No puedes percibir cómo es al tacto. Lo único que puedes percibir es que estás agarrándolo, que estás tratando de evitar que esto se pierda.

        La segunda cosa que sucede al retenerlo tenazmente es que aparecerá el dolor. Sigue aferrando el objeto con fuerza para que nadie pueda quitártelo y observa lo que sigue. Lo que sigue al aferrarse es el dolor. El dolor de la mano cerrada, el dolor de una mano que, apretada, obtiene un único placer posible, el de no haber perdido; el único goce que tiene la vanidad, el de haber vencido a quien me lo quería quitar, el placer de “ganar”

        Has conseguido retener lo que querías pero en el camino has renunciado a todo el placer que viene de la relación con el objeto en sí mismo.

        Esto sucede con la necesidad de poseer o mantener algunos bienes materiales. Esto pasa con cualquier idea retenida. Y esto sucede con la posesividad en cualquier relación, incluso en los vínculos más amorosos, aún con los padres, aún con los hijos, aún con las parejas. De hecho, lo que hace que los vínculos transiten en espacios disfrutables es, siguiendo la metáfora, poder abrir la mano. Aprender a no vincularse desde el lugar odioso de atrapar, controlar o retener, sino de la situación del verdadero encuentro con el otro, que sólo puede disfrutarse en libertad. Lo cual no va reñido con comprometerse.

        Otra idea errónea es pensar que como soy feliz en este momento en que estamos juntos, nunca más seré feliz si te vas de mi lado…..

        Incluso las pequeñas pérdidas suponen dolor y trabajo. Un dolor que duele y un trabajo que hay que hacer, que no sucede solo. Una tarea que casi nunca transcurre espontáneamente, con uno mismo como espectador requiere una participación activa en el proceso.

        Es obvio que de nada sirve tratar de evitar el sufrimiento del duelo no comprometiéndose afectivamente con nada ni con nadie; y sin embargo este pensamiento se ha ido volviendo una manera de vivir en este mundo; una pauta cultural enseñada, aprendida y muchas veces ensayada. Y aunque fuera cierto que este atajo garantiza un menor sufrimiento, ¿tendrá sentido comprar una póliza de seguro contra el dolor de una futura pérdida pagando como prima no entregar el corazón a nada ni a nadie?

        En la letra pequeña de este macabro contrato dice con claridad que, si bien no se garantiza la ausencia de dolor, se predice la desaparición definitiva de toda posibilidad de disfrutar de un genuino encuentro con los demás.

        No es que no sea posible disfrutar sin necesidad de sufrir por ello, pero el goce es imposible mientras se está escapando obsesivamente del dolor.

                                                                                                                                                        J. B.            

                                   

DEJAR ATRÁS LO QUE NO ESTÁ Y DISFRUTAR DE LO QUE ESTÁ
MIENTRAS DURE

 

 

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