HISTORIA PARA REFLEXIONAR

LA TORTUGA

 

Una niña llora desconsolada por la muerte de su pequeña tortuga. El padre le dice que no llore más, que él le comprará otra. La niña responde que es a su mascota a la que echa en falta y que ninguna  otra ocupará su lugar. El padre no puede soportar verla llorar y le ofrece alterativas: te llevaré de viaje, te compraré regalos, la niña llora y llora. Al final, el padre muestra tal desesperación que la niña interrumpe su llanto y manifiesta una convencional alegría. En ese momento aprende que, si quiere agradar a su padre, cuando tenga deseos de llorar debe sustituir su emoción por otra que resulte más aceptable a su padre.                        
                                                                                   (Bernardo Ortín)

Es importante aceptar y dar cabida a las emociones. Todas las emociones comunican cómo nos sentimos. Los padres tienen una gran función para que sus hijos aprendan a expresar las emociones de forma adecuada y en libertad. Camuflar las emociones por otras o esconderlas favorece que surjan problemas emocionales. Todos hemos sido hijos. Ahora desde la parte adulta podemos preguntarnos si sabemos expresar de una manera sana nuestras emociones y responsabilizarnos de hacerlo.   

                                                                                                                                          L.J.A.

 

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