Septiembre 2014

PARA TENER PRESENTE...

 

GALLETITAS

 

A una estación de trenes llega una tarde, una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren está retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación.

Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa al kiosco y compra un paquete de galletitas y una lata de gaseosa.

Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario. Imprevistamente la señora ve, por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente.

La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nada ha pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente.

Por toda respuesta, el joven sonríe... y toma otra galletita.

La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.

El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido.

Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita. "No podrá ser tan caradura", piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas.

Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora.

- “¡Gracias!”, dice la mujer tomando con rudeza la media galletita.

- “De nada”, contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad.

El tren llega.

Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa:

- "Insolente".

Siente la boca reseca de ira. Abre la cartera para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado, su paquete de galletitas... ¡Intacto!


                                                                                                                                                                                               
Jorge Bucay

 

PARA PENSAR Y ACTUAR....

EL BORRACHO Y LA FAROLA

 

En ocasiones nuestra intención de solucionar algo hace que la “solución buena” la repitamos una y otra vez, incluso incrementamos la intensidad o la cantidad en busca de que en esta ocasión el resultado sea exitoso. Sin embargo, el problema en vez de solucionarse se mantiene y llega a complicarse.

 

Para reflexionar sobre ello os dejo este pequeña historia:

« “Un borracho busca bajo una farola la llave que ha perdido: un transeúnte caritativo se ofrece para ayudar al pobre achispado a encontrar la llave perdida. Al cabo de un buen rato de buscar sin éxito alguno la llave bajo la farola, el señor compasivo, algo fastidiado, dirigiéndose al borracho le pregunta: “Pero, ¿está usted seguro de haberla perdido aquí? Y el otro replica: “No, pero es aquí donde hay luz” »

                                                                                                      (Nardone 1988)

 

PARA APRENDER....

HISTORIA DEL MALETERO

 

…Cuentan que un señor llegó a una estación de tren, en un pequeño pueblito provincial. Como tenía consigo tres pesadas valijas, trató de buscar a un maletero que le ayudara a llevarlas al hotel, distante tres cuadras de la estación.

Preguntó al guardabarreras y éste le dijo que buscara a Juancho, a quien encontraría quizás en la plaza frente a la estación. El señor cargó sus maletas hasta la plaza y allí, tendido al sol, sobre un banco… encontró a un barbudo y desaliñado lugareño, que supuso era Juancho:

- ¿Juancho?

- Sí… ¿Eh…? (dijo el hombre sin moverse).

-¿Usted es Juancho?

- …Sí, señor (contestó sin moverse).

- ¿Usted es el maletero?

- ¡Ajá! (siguió, sin moverse)

- ¡Usted tendría que estar en la estación y no aquí, en la plaza!

-¿Y para qué?

- ¿Cómo para qué? Estando allí encontraría por lo menos diez veces más pasajeros que estando aquí.

-¿Y para qué quiero diez veces más pasajeros?

- ¡Para ganar más dinero!

- ¿Y para qué?

- ¡Pero hombre!, para comprar una moto, por ejemplo.

- ¿Y para qué querría yo la moto?

- Para llevar las maletas en un remolque con la moto.

- ¿Y para qué?

- Para hacer más viajes en menos tiempo.

- ¿Y para qué?

- Para ganar más dinero y, con un poco de suerte, convertirse en un empresario de los transportes.

- ¿Y para qué?

- ¡Para ganar mucho dinero!

- ¿Y para qué ganar mucho dinero?

- Y… cuando tenga mucho dinero, podrá vivir sin trabajar y descansar aquí en la plaza todo lo que quiera.

- ¿Y ahora qué estoy haciendo? (contestó el hombre abriendo un solo ojo)

 

                                                                                      De Jorge Bucay, en Cartas para Claudia.