Abril 2015

PARA RECORDAR...

 

EL MAESTRO Y EL ESPEJO

 

Un joven discípulo observaba a su viejo maestro. Como cada mañana, después de su meditación, se sentaba en su escritorio repleto de libros y se ponía a trabajar. Realmente no era eso lo que captaba el interés del joven discípulo. Su curiosidad estaba motivada al ver que su maestro tenía un espejo y de vez en cuando paraba su trabajo y se miraba en él.

Un día, el joven discípulo se atrevió a decirle a su maestro que él también quería tener un espejo.

El maestro le dijo al joven discípulo: no te hace falta tener un espejo, ahora te toca cuidar y prestar atención a tu interior. El espejo sólo sería para ti una distracción de lo importante.

El joven entonces le preguntó - ¿para qué usted tiene un espejo?-

El maestro sonrió y dijo – a mi edad mirarme al espejo y ver mis arrugas me ayuda a seguir trabajando y valorar el tiempo que me queda. 

 

PARA REFLEXIONAR....

 

EL ÁRBOL QUE NO SABÍA QUIEN ERA

 
Había una vez en un lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un jardín esplendoroso con árboles de todo tipo: manzanos, perales, naranjos, grandes rosales,... Todo era alegría en el jardín y todos estaban muy satisfechos y felices. Excepto un árbol que se sentía profundamente triste. Tenía un problema: no daba frutos.
 
-No sé quién soy... -se lamentaba-.
 
-Te falta concentración... -le decía el manzano- Si realmente lo intentas podrás dar unas manzanas buenísimas... ¿Ves qué fácil es? Mira mis ramas...
 
-No le escuches. -exigía el rosal- Es más fácil dar rosas. ¡¡Mira qué bonitas son!!
 
Desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no conseguía ser como los demás, cada vez se sentía más frustrado.
 
Un día llegó hasta el jardín un búho, la más sabia de las aves. Al ver la desesperación del árbol exclamó:
 
-No te preocupes. Tu problema no es tan grave... Tu problema es el mismo que el de muchísimos seres sobre la Tierra. No dediques tu vida a ser como los demás quieren que seas. Sé tú mismo. Conócete a ti mismo tal como eres. Para conseguir esto, escucha tu voz interior...
 
¿Mi voz interior?... ¿Ser yo mismo?... ¿Conocerme?... -se preguntaba el árbol angustiado y desesperado-. Después de un tiempo de desconcierto y confusión se puso a meditar sobre estos conceptos.
 
Finalmente un día llego a comprender. Cerró los ojos y los oídos, abrió el corazón, y pudo escuchar su voz interior susurrándole:
 
"Tú nunca en la vida darás manzanas porque no eres un manzano. Tampoco florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Tú eres un roble. Tu destino es crecer grande y majestuoso, dar nido a las aves, sombra a los viajeros, y belleza al paisaje. Esto es quien eres. ¡Sé quien eres!, ¡sé quien eres!..."
 
Poco a poco el árbol se fue sintiendo cada vez más fuerte y seguro de sí mismo. Se dispuso a ser lo que en el fondo era. Pronto ocupó su espacio y fue admirado y respetado por todos.
Solo entonces el jardín fue completamente feliz. Cada cual celebrándose a sí mismo.
 
                                                                                                                                     Autor desconocido